Luz:
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Prefiere luz indirecta brillante.
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Tolera la semisombra, pero su crecimiento será más lento y con menos intensidad en el color de las hojas.
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Evita el sol directo, ya que puede decolorar o quemar las hojas.
Riego:
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Mantén el sustrato ligeramente húmedo, sin encharcar.
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En verano: riega cada 3 a 5 días, según el calor y la humedad del ambiente.
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En invierno: reduce a cada 7 a 10 días.
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Usa agua filtrada o reposada, ya que es sensible a sales y cloro.
Temperatura:
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Ideal entre 18 °C y 26 °C.
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No tolera temperaturas bajo 15 °C ni corrientes de aire frío.
Humedad:
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Necesita alta humedad para mantener sus hojas sanas y con colores intensos.
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Pulveriza regularmente en verano o coloca la maceta sobre un plato con piedras y agua.
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Limpiar las hojas con un paño húmedo ayuda a mantenerlas libres de polvo.
Maceta y sustrato:
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Maceta con buen drenaje.
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Sustrato suelto y rico en materia orgánica: mezcla de tierra negra, turba o fibra de coco con perlita.
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Agradece un sustrato que retenga algo de humedad pero que no se compacte demasiado.
Fertilización:
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Fertiliza cada 4 a 6 semanas en primavera y verano con abono líquido balanceado y suave.
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En otoño e invierno, suspende la fertilización.
Mantenimiento:
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Retira hojas secas o amarillas para favorecer nuevos brotes.
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Gira la maceta periódicamente para que crezca de manera uniforme.
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Conocida como “planta de la oración” porque por la noche pliega sus hojas hacia arriba, un espectáculo natural y encantador.


